"Si me buscas, estaré detrás de el último"
Serán cantos incrustados en mis entrañas, los que han abatido a este navío sin tripulantes, a este colofón sin perdices...Nunca es demasiado tiempo para un fracasado como yo, para un imbécil que solo vive de nuncas.
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martes, 24 de abril de 2012
Fragmento de Aquí y allí.
- Su fotografía tiene un sabor amargo. Que levanten la mano los que no estén dispuestos a creer que beso su foto. Ella no se lo creería, o se pondría triste, o más bien se enfadaría y me diría que nunca la besé de la misma manera que beso esa vieja foto suya con sabor amargo a sustancias químicas. Que las razones por las que beso su foto tienen que ver conmigo y no con ella.
- En realidad no le gustaba besarme.
- En el reverso de la foto, bajo los restos de la cinta adhesiva reversible que usé para pegarla cuidadosamente en la pared de mi habitación cuando iba a la universidad, hay escritas las palabras siguientes: "Recibida el 3 de febrero de 1983. Atesorada con esa fecha".
- No le gustaba besarme. Yo me daba cuenta.
- No me defenderé de la acusación de que besar a una chica de carne y hueso no es precisamente mi manera preferida de relacionarme con el sexo contrario. No es una cuestión de aprensión, no tiene nada que ver con aquello que escribió alguien de que besar a alguien es como chupar una tubería cuyo otro extremo está lleno de excrementos. Para mí es una cuestión de ridículo. Me siento ridículo. La chica y yo estamos muy juntos. El beso deforma nuestras bocas. Las narices que se tocan y se doblan. Es como si nos hiciéramos muecas el uno al otro. Por entonces, cuando estaba con ella, sí, es cierto que me sentía un poco ausente, a modo de defensa contra mí mismo. Supuestamente esto tiene que ver conmigo y no con ella. Pero te diré que cuando no estaba con ella soñaba con la ocasión de besarla otra vez. Pensaba en ella constantemente. Ocupaba mi mente.
- ¿Y mi mente, qué?
- Y hablemos con la misma franqueza de la falta total de pudor con que yo la besaba en cualquier otra parte del cuerpo, despacio y de una manera que enseguida descubrí que le encantaba, y ella misma admitiría que le encantaba, porque ella nunca miente, seguro que admitiría que se tapaba la cara con la almohada para que no la oyeran los vecinos. Yo la conocía. Conocía todas sus curvas, huecos, pliegues y reacciones de su cuerpo, que era fresco, duro, tenso, sin cintura y vagamente masculino, pero aún así enormemente excitante, rápido a la hora de sonreír, de arquearse, de acurrucarse, de abrazarse y de aferrarse. Yo sabía desentrañarla como si fuera un diferencial, operar en ella como si fuera un motor. Solamente cuando tuve que alejarme de ella para ir a la universidad las cosas "cambiaron" misteriosamente.
- Sentí que me faltaba algo.
- Beso su foto amarga. Está sucia de mis besos. Conozco la huella de mis labios por su foto. Aunque ella no lo sabe, sigue enseñándome cosas.
DAVID FOSTER WALLACE
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