"Amélie no tenía un hombre en su vida, lo había intentado pero el resultado nunca había estado a la altura de sus expectativas. En cambio, cultiva el gusto por los pequeños placeres, como hundir la mano en un saco de legumbres, partir el caramelo quemado de la Crema Catalana con la cucharilla y hacer rebotar las piedras en el canal Saint Marthin."
Le Fabuleux Destin d'Amélie Poulain, Jean-Pierre Jeunet.
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