"Si me buscas, estaré detrás de el último"
Serán cantos incrustados en mis entrañas, los que han abatido a este navío sin tripulantes, a este colofón sin perdices...
Nunca es demasiado tiempo para un fracasado como yo, para un imbécil que solo vive de nuncas.

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miércoles, 2 de mayo de 2012

El espíritu del amor romántico

El cine nos lleva a historias de amor imposibles con las que cualquier espectador sueña. Sin embargo, la realidad muestra una oposición bien distinta: amores de hipoteca, rollos de una noche, sexo rápido y sin compromiso… El espíritu del amor romántico, ese que nos hizo soñar al compás de Titanic, Pretty Woman o Notting Hill parece que ha muerto, o mejor dicho, escasea. Desde un punto de vista filosófico, Pascal explicó con gran acierto que el corazón tiene razones que la razón desconoce. Es decir, que merece la pena sentir el nudo en la garganta del amor, vivir con miedo a la pérdida, y a la vez, con confianza en la victoria.
Sentir la intuición interior de creer que la conquista es posible más allá de los obstáculos y de las barreras. Nunca hubiesen existido películas como Australia si no fuese porque en el corazón humano siempre existe la idea de ir más allá. Es decir, de tener una historia mejor, de vivir con el corazón pegado al vértigo de caer en el abismo de la emoción, una emoción pasajera pero a la vez eterna… Y es que, en la esencia del amor romántico existe la contradicción de saber que una intuición interior puede tener una validez absoluta. Esa que se produce cuando sabes que te encuentras frente a la persona adecuada. Esa que habías esperado toda tu vida, y sin embargo, se presenta envuelta en obstáculos al más puro estilo de Romeo y Julieta, los héroes por excelencia del espíritu romántico.

En la batalla del corazón y la razón, casi siempre, debería ganar el sentimiento. Sin embargo, los prejuicios, el miedo, la falta de iniciativa o el apego a la seguridad de lo conocido hace que grandes historias se pierdan en el camino o queden simplemente, en una hipótesis. Hipótesis que con el paso del tiempo, es decir, desde la perspectiva de la vejez, produce arrepentimiento.

En ese caso, como consuelo, siempre queda el cine, la fábrica de los sueños donde todo es posible. Sin embargo, tu mayor realidad debe de ser tu propia vida. Por ello, tú eres tu norte y tu fin. Escucha tu corazón, más allá de las heridas porque como explica Pascal, la sabiduría del sentimiento es infinita y tú eres el protagonista de la película más importante: tu vida. Aspira a un amor que te mueva el corazón hasta lugares con los que jamás soñaste. Aspira a una historia que te haga superar tus propios límites para descubrir qué hay más allá de la conciencia y para comprobar a qué sabe el amor más allá del propio eros.

Maite Nicuesa

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