"Si me buscas, estaré detrás de el último"
Serán cantos incrustados en mis entrañas, los que han abatido a este navío sin tripulantes, a este colofón sin perdices...
Nunca es demasiado tiempo para un fracasado como yo, para un imbécil que solo vive de nuncas.

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viernes, 27 de enero de 2012

GUERT

Puede que tenga que soportar a mi suegra, los enfados de mi mujer y el empeño que tiene en que tengamos un hijo; pero no voy a perder mi libertad y mi espíritu de soltero. Quiero tener amigos y disfrutar de partidos y cervezas con ellos, hablar de deportes y de tías; como si aún tuviéramos 20 años. No está en mi personalidad eso de ser fiel, yo no puedo evitar que me gusten otras mujeres y coquetear con ellas, ahora que aún me encuentran atractivo. Yo sé que mi mujer está ahí en mi casa esperándome, estoy muy seguro de ello, porque ella es mía. Ella sabe que me gusta estar con otras mujeres, y lo entiende porque yo soy un hombre que sé cómo tenerlas contentas y la verdad, me gusta verla llorar de vez en cuando por mí; porque eso me sube el ánimo aún más y me siento orgulloso de mí mismo, y pienso que, si mi padre estuviera aquí, haría lo mismo que yo; sonreír.

 Mientras descanso hoy, ya que mi mujer está en el centro comercial con sus amigas, veo la televisión, con mis calcetines y los calzoncillos que hace 20 años me compró mi madre y aún conservo; ya que son los de la suerte y hoy toca partido y no quiero que pierda mi equipo. Tumbado en mi sofá, con el tazón casi lleno de cáscaras de pipas y el paquete a punto de acabarse, me levanto, ya que las pipas han secado mis papilas gustativas y mi lengua, cortándome incluso los labios; y voy a la cocina a por un pack de cervezas, para no tener que volver a levantarme. Un anuncio de los miles que echan, llama mi atención: una árbol hecho de plastilina, se va moviendo y se convierte en un mar lleno de peces y más tarde en un bote de mayonesa, cogido por una tía que está buenísima, que se prepara una ensalada con una pinta deliciosa y empieza a comérsela con una cara de felicidad… qué envidia, y todo esto acompañado de una música y letra muy pegadiza. E instintivamente, el deseo de hacerme una ensalada con mayonesa se apodera de mí. Quizás mi mujer me la compre y me haga una ensalada, ya estará al venir; espero. La llamo y le digo:

- Cariño, ¿podrías comprarme mayonesa Guert?
- ¿A qué viene eso?
- Tú hazlo, y luego cuando vengas me preparas una ensalada… Ah, por cierto, compra más de un bote; ¿vale?
- Tú no estás bien, ¿lo sabes? Bueno, ya veré lo que hago. Adiós.

Ya sabía que los iba a traer, es tan predecible. Típico de las mujeres criticarnos a los hombres sin motivo, sabe que me molesta que le achaque a mis olvidos o cosas que ella no comparte a ese cambio en los hombres que ni siquiera existe. Ha pasado ya media hora y esta sigue sin venir, ¡se acabó! Me voy a comprarla a la tienda de la esquina. Me pongo un chándal y salgo de casa; le preguntó a María (la dependienta de la tienda) y me dice que no tiene de esa marca, fastidiado; me cojo un taxi hasta el centro comercial que hay a dos manzanas y justamente, cuando llego, está cerrado; le digo al taxista que si conoce otra tienda de comestibles cerca y me dice que es indio y acaba de llegar, ¡esto ya es el colmo! Le pago, y me bajo del taxi cabreado; y me doy cuenta que no he cogido las llaves, no llevo dinero y me he gastado todo lo que llevaba encima. Ya es demasiado tarde para encontrar alguna tienda abierta, así que solo me queda ir a casa y esperar en el escalón hasta que ella llegue… ¿Es mucho pedir comer una ensalada con mayonesa?


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