[...]Si él no se aviene a ligerezas demuestra seriedad; ella es una estirada. Si él se retrae ante la discrepancia lo hace inspirado por la prudencia; ella es débil de espíritu. Si él hace bromas de dudoso gusto es un gracioso; ella es una grosera. Si él se caracteriza por ciertas extravagancias se convierte en un personaje; ella es una loca. Si él se preocupa de su atuendo destaca por su elegancia; ella es una frívola. Si él opta por una imagen discreta se trata de una cuestión funcional; ella es una sosa. Si él no se arregla demasiado es que tiene un estilo casual; ella es una desastrada. Si él tiene sucesivas o simultaneas relaciones sexuales posee grandes dotes de seducción; ella es un putón. Si él bebe excesivamente ha estado degustando buenos caldos; ella es una borracha. Si él acostumbra a hablar mucho en las reuniones sociales es un gran conversador; ella es una charlatana. Si él comenta asuntos de los demás está manejando información; ella es una cotilla. Él es un gourmet; ella, una comilona. Él es corpulento; ella es una gorda. Él es normal; ella es fea. Él tiene una personalidad fuerte; ella es una bruja. Él es un intelectual; ella escribe novelas. Él es músico; ella toca el piano. Él es imaginativo; ella tiene la cabeza a pájaros. Él es desprendido; ella, una manirrota. Él es sensible; ella, una cursi. Él, tierno; ella, una pegajosa. Él, valiente; ella, imprudente. Él, templado; ella, cobarde. Él, aventurero; ella, temeraria. Él, fuerte; ella, marimacho. Él es un maduro interesante; ella está menopáusica. Él es independiente; ella está más sola que la una. [...]
Ruth Toledano
http://elpais.com/diario/2006/03/17/madrid/1142598259_850215.html
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