Era como seguir caminando por un sendero yermo, frío. El típico oasis en mitad de un desierto, pero sin agua, ni vida; solo sal y metales.
Seguía hacia adelante, aún cuando era capaz de divisar el final de aquel camino. El final de quien pasó por alto todas las advertencias, las señales de peligro y las luces de emergencia. Y allí estaba en el horizonte, la grieta que asesinó la esperanza, la ilusión... Allí termino su camino, y el de muchos otros; que como ella, lucharon hasta el final por amor.
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