"Si me buscas, estaré detrás de el último"
Serán cantos incrustados en mis entrañas, los que han abatido a este navío sin tripulantes, a este colofón sin perdices...
Nunca es demasiado tiempo para un fracasado como yo, para un imbécil que solo vive de nuncas.

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domingo, 25 de marzo de 2012

Tercera Condicional: Imposible.

El mismo jefe de hace años, el mismo despacho y la misma hora en el despertador. Era tan miserable, daba arcadas verle con su traje de cachemir planchado por su fiel mujer, su camisa impecable y ese perfume a rancio que le regaló su madre cuándo tuvo la edad de afeitarse. Tan gordo que había pedido una silla a medida y las puertas se habían ensanchado para que pasaran sus dos hermosas bolas de grasa traseras. Me odiaba tanto como yo a él, pero sabía que yo era imprescindible. No iba a encontrar a un comerciante más parecido a él en su vida, parecíamos padre e hijo, ¡cuán elogiado me sentía cuando me confundían con él! Puta sociedad superficial, yo quería a una mujer que me quisiera por mi físico y por mi interior, lo típico que se suele decir, pero estaba claro que la típica mujer con dos par de tetas y un buen culo; no iba a ser la mujer de mi vida, y yo no iba a dejar de comer por unos cuántos polvos. Es duro levantarse, acostarse y sentarse en una mesa a comer siempre solo, y en las reuniones siempre me intentan emparejar con amigas solteras de mis amigos o amigas y ya lo que más odio son las bodas, me sientan en una mesa con todos los solteros, ¿qué pasa?, ¿no puedo estar en la misma mesa que mis amigos casados? Es totalmente absurdo separar así a las personas… No recuerdo ahora mismo ningún momento realmente feliz en mi vida, siempre me han criticado por mi aspecto y nadie se ha dignado a escucharme de verdad, harto de ser el gordo del que todos se burlan, primero en el colegio, luego en el instituto y ahora en la empresa; ¿nunca maduran? Puede que un día me arte de todo y los mande al infierno, como se merecen. 
El 4 de marzo de este año fui a la casa del jefe sin ninguna razón aparente y me recibió su mujer, me invitó a pasar como buena anfitriona y me sirvió una taza de té, charlamos del tiempo y del mundo en general, una bella y educada señora. Ese burro no se merecía a una mujer así. Se nos echó la noche encima y salí corriendo de allí antes de que el jefe volviera de cazar. A la semana siguiente el jefe me mando a llamar a última hora, ya se habían ido todos. Me metí en su despacho y con la mandíbula apretada me dijo:
-Ignacio, ¿estuvo el día 4 en mi casa?- asentí con la cabeza - ¿estuvo con mi mujer?
-Pues claro jefe, era la única que estaba en su casa. –su cara de excreción iba aumentando.
-Ahora necesito que me explique lo que pasó entre mi esposa y usted.
Su cara se fue tornando roja y el sudor de su frente corría ya por su cara, estaba disfrutando tanto viéndolo así… Creo que vio mi incipiente sonrisa y por eso no me dio tiempo a reaccionar cuando cogió el lapicero y me lo lanzó a la cara. Le maldije en voz alta y se vino hacia mí, me pegó un puñetazo en la nariz; hasta aquí había llegado, cogí una piedra que utilizaba como pisapapeles y le golpeé con todas mis fuerzas en la cabeza, calló al suelo y todo su peso al caer hizo que pareciese como si una pared de ladrillo y cemento cayera desde una altura de dos metros. Me reí y entonces comprendí que podía estar muerto, me guardé la piedra en la chaqueta y salí de la oficina con total normalidad. Fui a mi casa cené y entonces pensé en las opciones que tenía. Sí, lo había decidido, me haría monje en el convento que hay a unos  40km de Rojas. Así que me metí unas cuántas magdalenas en la boca, cogí las llaves y me puse a conducir hacia el convento.

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