Supongo que tú eras
deseo sin saberlo,
y tortura en mi
conocimiento.
El engaño de quien
no quiere ver
que hay alguien
capaz de robarnos el desinterés y el sueño.
El hambre de estirar
y mojarse del deseo,
el capricho de un
apetito por nacer.
El magnetismo de mis
ansias a tu desconocimiento,
la invisibilidad de
la pulsión y la acción.
El impulso de probar
el foco de tus palabras,
la fortuna de poder
siquiera observarlas.
El riesgo de caer
sobre el suelo,
y no sobre ti.
El ímpetu de ganarle
el pulso al miedo,
y la suerte de ganar un sueño.
La electricidad
desde el primer latido,
más que vapor,
empapamiento.
La necesidad de
seguir emergiendo,
de palparte, de
chocar, de corresponderse…
La pretensión de
llenarte,
de atracar y
atrincherarse.
Las ansias de
contemplarte con o sin miedos,
pero mía.
La apetencia de
seguir hundiéndome en tus suspiros,
darte de mí, de ti y
de nosotras.
Mézclate conmigo,
déjame saborearte,
que quiero demostrar
que el capricho solo fue querer rozarte.
Métete en mí que
necesito sentirte,
que quiero señalar
tu piel hasta gastarte.
Clávate en mí y no
dejes de arañarme,
que quiero desvelar
el placer de morderte y pellizcarte.
Derrúmbate sobre mis
grietas para inundarte,
que quiero enseñarte
la satisfacción de poder empotrarte.
Permíteme mostrarte
el amor y la guerra,
sé tú misma y ven
desnuda.
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