Dudo que la pueda llamar de nuevo... Si ella dejara su vida de excesos, lujuria y juego, quizás.
La echo tanto de menos, que incluso volvería solo para cogerle el pelo cuando vomita y me insulta. Me he acostumbrado a su mal humor matutino, a su manía de sacar siempre los pies de debajo de la colcha, a las manchas de pintura bajo sus ojos después de hacer el amor...
Parece como si aún estuviera durmiendo a mi lado, dejando un olor inconfundible a sándalo y lavanda. Como si advirtiera que la observo, abriera sus hermosos ojos verdes y me dijera lo que yo nunca quise saber. Y obvio cada gesto de desprecio, para fijarme en los surcos que se marcan bajos sus ojos. Como siempre, su mirada no brilla; y el insomnio deja huella... Puede que su presencia me ayude a olvidar que fuera de esta casa, solo soy un viejo lobo que necesita la compañía de una mujer que no lo ama. -Be
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