Miró por la ventana y sonrió; aunque inconscientemente. Y como muchas otras veces se preguntó si era real el silencio que deja el Sol, tras su marcha. Disfrutaba de la aparente tranquilidad y soledad que invade las calles a esas horas de la madrugada.Susurrando: -Ojalá fuera un estado permanente.
Se resistía a abandonar aquella seguridad y valentía momentáneas; que encontraban apoyo en ese aroma de las noches de verano: la dama de noche.
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